Lotus de India



India, un país de colores, exquisitos aromas, rica comida, alegría, gente bella y sobre todo libertad espiritual.

Estando en India pude observar grandes contrastes tanto en colores como en la vida. Si quieres observar y te divierte mirar lo negativo encontrarás lo que buscas pero no en este escrito. Podrías encontrarlo en tu país de origen si vas como turista y visitas el peor lado de éste. En cambió si vas a India en busca de tu ser, en busca del camino espiritual, puedes encontrarlo sin mayor problema, pues esa energía que te guía y te acompaña mientras visitas India esta en todo lugar.

India cautiva el alma y el corazón, te muestra como la gente puede vivir feliz sin importar la pobreza de lo material, solo importando lo espiritual, que es lo que reina en este lugar de Lotus.

Niños jugando en las calles con palos o con tierra, soñando y viviendo una fantasía tan real que los divierte y los hace sentir únicos sin necesidad de lujosos juegos, vídeos, ni aparatos que no pueden comprar.

Estos niños siempre sonríen, corren y juegan sin parar. Muchos de ellos trabajan pero lo toman como un juego del cual aprenderán a ser mayores y vivir como tal a su determinado tiempo. Aunque vivir como adulto en India no significa ser esclavo del dinero ni del ego, solo trabajan para vivir sin perder su esencia espiritual lo cual es realmente importante para ellos.

En India puedes ser budista, musulmán, hinduista, católico o simplemente tener la mente abierta y dejar que te lleven tus sentimiento e intuiciones. Muchos dirán ¨pero han tenido guerras por religiones¨. Sí, es verdad. Pero están aprendiendo a vivir en paz, respetando creencias y viviendo en comunidad. Es un camino largo de aprendizaje.

El lotus de mi viaje fue el Budismo, que me llevo hasta lo mas profundo de mi ser despertando de nuevo lo bello en mi. Todo aquello que dormía mientras vivía en el mundo de lo material, del ego y de ataduras que nos atrapan sin darnos cuenta, perdiendo toda fuerza y voluntad.

Recuerdo que consideraba mi vida normal pues vivía mejor que muchos alrededor pero estaba confundida, sentía un vació, tristeza y soledad, a pesar de estar rodeada de amigos, familia y sociedad. Era como estar en una cárcel donde no encontraba salida ni tampoco tenía esperanza de acabar esta sentencia. No entendía este dolor que quemaba mi ser, tenía lo que un humano de occidente podía anhelar para vivir feliz, pero no sentía que era yo la que dominaba mi ser.

En aquel momento tenía poder de alcanzar fama, dinero, viajar sin preocuparme del costo, facilidad de alcanzar mis metas. Era el sueño dorado de muchos que viven confundidos creyendo que esto da la felicidad, para mi daba en una parte tranquilidad pero no la felicidad real. Ahora que he vuelto a despertar puedo observar como la gente de grandes ciudades donde su Dios se ha convertido en cosas externas, no existen sonrisas de corazón ni paz interior.

Cuando era niña jugaba en la calle junto a mis hermanos y amigos. Nuestros juegos eran ilusiones, ficciones creadas por nuestras mentes. Para dar un ejemplo de esto traeré a mi memoria un momento en que jugábamos con cajas de cartón en casa, al menos eso veían los adultos pero para nosotros eran mundos, planetas, historias. donde habitábamos y vivíamos, cada quien la adornaba y la veía como quería, eramos dueños de nuestros juegos, de nuestras ilusiones y con ello nos divertíamos creyendo que era real.

Hoy es común ver a niños, jóvenes y a muchos adultos, frente a la caja que domina sus mentes, pantallas de muchas tonalidades que limitan su imaginación, brindándoles una idea creada por otros, que pueden vivir mientras la ven.

Muchos de ellos son como almas sin vida, esclavos de otros y sin energía para correr por las calles y parques. Los cuales esperan pacientemente el regreso de las ilusiones infantiles para que las conviertan en diferentes realidades.

Al llegar a la India sentí paz y una energía que me guiaba en el camino que recorríamos en aquel lugar del nunca jamas.

Fui testiga de muchos lindos rituales en su río sagrado que para ellos es una realidad que pueden sentir, vivir y creer. Para los que llegamos de occidente simplemente es un bello río que cruza gran parte de La India.
En este sentido se puede identificar como Los Hindúes viven en una realidad que no podemos ver, recordándome mis juegos con cajas de cartón y los adultos que pasaban y nos observaban con indiferencia sin poder observar la realidad que vivíamos en aquel momento de la infancia.

Vivimos en un mundo común con diferentes realidades. Unas más confortables materialmente, algunas que ofrecen felicidad al ser y otras que ni se enteran que viven solo existen sin razón.

Son realidades tan perfectamente creadas que cada ser tiene la suya tan individualmente grabadas que al no tener el ángulo adecuado para observarlas no podemos conocer.

Algunos pueden tener realidades parecidas creando conexiones y relaciones, por ello comparten diferentes sentimientos y razones. Para otros son realidades tan locas que no pueden ver ni comprender que algo así pueda existir en un mismo mundo, el budismo del Tibet lo llama Samsara (estado inconsciente) otros lo llaman corpus o vida real.

Al viajar por La India no pude evitar ver las realidades tan diferentes que algunas veces afectaban mi ser, pues no entendía como algunos seres podían vivir de esa manera tan sufrida, pero luego entendí que era mi punto de vista dada por un ángulo erróneo, sin darme cuenta de lo que esos seres realmente podían percibir . Ellos viven creyendo que aquellas situaciones son su mejor opción de lograr una buena reencarnación con una vida mejor y para otros es su boleto al nirvana.

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